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miércoles, 25 de junio de 2014

Un “portero” de Corral descubre antes que Hacienda que las obras de Génova se pagaron en dinero negro.

Manolo con su traje de faena en un día cualquiera posando para nuestra revista. En la hora que se me ocurrió entrevistarlo...

 

 

Todos sabemos por los medios de comunicación, que hace ya tiempo que la Agencia Tributaria andaba detrás del dinero negro de  las obras de remodelación de la sede del Partido Popular. Pero lo que no todo el mundo sabía, es que gracias a la colaboración ciudadana (en este caso pueblerina) esta redacción se enteró antes que nadie de que una vez más el Partido del Gobierno se había pasado la LEY por debajo del sobaco sin temblarles lo más mínimo los sobres que portaban en el bolsillo de la chaqueta. Eso sí, ¡ay de ti! como en tu declaración de la renta no aparezcan los gastos de la crema de las almorranas.

 


Manolo Cascalotodo, el héroe de este cuento y para quien no lo sepa, uno de los muchos corraleños que emigraron y siguen emigrando a la capital para buscarse un futuro mejor, trabajaba como portero en un barrio de esos donde la gomina corre a raudales, los jerséis sólo se llevan a los hombros y todas las mujeres tienen abrigo de visón. Una pista….. no estamos hablando de Carabanchel alto ni bajo.


A partir de la década de los 70  y hartos de trabajar en la industria inmobiliaria (albañiles), en el cuidado de los animales (pastores), en la agricultura de temporada (jornaleros), o en el transporte de mercancías peligrosas (camioneros de lo que se terciase), hicieron un día las maletas dispuestos a iniciar una nueva vida, lejos de ese pueblo natal que sólo les ofrecía misas como sustento.


Hubo también -que no todos lo hicieron por cambiar de oficio- los que sacrificaron sus cervezas fresquitas en el Bar de Fritas, por darles a sus hijos esos estudios que los convertirían en hombres de provecho y les permitirían llegar a ser… no sé… camareros de discoteca.

Sea cuales fueren las razones por las que se iniciaron en el apasionante mundo de los porteros, lo cierto es que se fue generando una orgullosa clase media de pretenciosos conserjes, que exhibían sin pudor alguno el fruto de su importante labor como limpiadores y guardianes de  los edificios de la capital. Coches de marca -de segunda mano, pero de marca-; muebles antiguos desechados por los vecinos, cuadros, lámparas, sofás y todo tipo de elementos decorativos, entraron a formar parte de las viejas casas de la población que los porteros no tardaron en reformar, otorgándoles ese aire ecléptico de mezcla abigarrada de cocinilla de pueblo con todo lo que habían visto en Madrid.



"Coches de marca -de segunda mano, pero de marca-; muebles antiguos desechados por los vecinos, cuadros, lámparas, sofás y todo tipo de elementos decorativos, entraron a formar parte de las viejas casas de la población que los porteros no tardaron en reformar"



Pero volvamos al tema que nos ocupa, que nos estamos yendo por la tangente. Nos encontrábamos comentando lo que Manolo había visto en su día y que nos reveló como valiosa exclusiva de la siguiente manera:

“Pos mira hermosa, yo todos los días a eso de las 9 de la mañana, que yo tengo mis horas y no tengo porqué madrugar, salía a barrer la puerta del portal. A eso de las 9.30 pasaban por allí un montón de encorbataos, que se dirigían a la sede del Partido Popular con sus trajes impolutos que daba gusto verlos. Y uno pensaba… eh eh que gente más lista… ¿Cómo habrán  sabido colocarse tan bien?, y no como un servidor dándole al mocho y peloteando a las viejas pellejas. Si ya me lo decía mi padre… estudia Manolo que vas pa los arbañiles, pero mira tú por dónde mi primo Anselmo, al jubilarse, me pasó la portería y oyes, que quieres que te diga… lujos no tendré, pero mi purito y mi cervecita diaria no me la quita nadie”

 Al grano Manolo cuéntenos como descubrió que las obras se hicieron con dinero negro-

“Ah sí, perdonen ustedes, es que pa una vez que me hacen una entrevista quiero recreame un poco. Pues verán, andaba yo ya un poco mosca, porque hacía varias noches que se oía una escandalera de gentes que entraban con un furgón por la puerta de atrás de la sede -a eso de las 12 de la noche- y no salían hasta las 8 de la mañana. Y uno pensaba…. ¿Qué hará tanto zanguango ahí metío sin oficio ni beneficio? ¿Estarán de botellón? Hasta se me pasó por la cabeza si no estarían haciendo orgías de esas, que a los porteros imaginación no nos falta. El caso es que como a mí me parecía todo un misterio y uno está más que entrenao en el oficio del cotilleo, decidí acercarme una noche a ver si lograba ver algo”  



¿díganos qué vió Manolo, que es lo que contemplo? “paciencia hermosa, no te impacientes. El caso es que como te decía, esa noche que no podía dormir con los ronquidos de mi Luciana y el ruido del metro, decidí echar un vistazo a ver que se cocía a esas horas. Y lo que vieron mis ojos, aparte de los compañeros de la basura que van a toa pastilla como siempre, fue un montón de negros que portaban sacos de arena en sus hombros, ladrillos, piedras y demás materiales de construcción"

-Pero Manolo… - sshhiiiisssss calla que ahora llega lo más gordo. Me acerqué un poco más y vi como esos mismos operarios estaban trabajando a destajo bajo las órdenes de otro negro más grande que les decía “cuidadito con el material, que como se os rompa otro inodoro me toca a mí pagarlo de mi dinero”. En su momento no le di importancia ninguna y me volví a la cama más tranquilo al descubrir que en realidad lo que se estaban haciendo eran unas simples chapuzas en los wáteres de la sede” 


"bajo las órdenes de otro negro más grande que les decía “cuidadito con el material, que como se os rompa otro inodoro me toca a mí pagarlo de mi dinero”

"Hasta ahí todo bien, pero claro, un día de esos que no paraba de salir en la jodía tele to eso de que si las obras de remodelación se podían haber pagado con dinero negro, me quedé con la copla y caí de repente. ¡Anda joder! -me dije- pero si ahora resulta que las obras las han pagao con el dinero del negro, si señor ….  eso mismo fue lo que yo ví y escuché"

Y fue cuando me puse en contacto con vosotros para que recogierais que Yo…. Manolo Cascalotodo Gargajo, empleado de fincas urbanas,  con DNI 85847590D y natural del barrio de las concepciones de Corral de Almaguer, cristiano y con cinco hermanos, acababa de descubrir que era verdad que las jodías obras de la sede del PP se habían pagado con el “DINERO DEL NEGRO” ¿Qué me dices, eh?... Lo que Hacienda había tardado en descubrir varios años, yo solico, en tan sólo una noche, lo había resuelto. ¿Qué, cómo te quedas?


"Ahora, también te digo que ya me lo podían haber dicho a mí, que yo les hubiera hecho un buen precio y se habrían evitao los negros y to ese escándalo, que la verdad es que muy limpios no eran, que al día siguiente me tocó limpiar las pisás de yeso que dejaron, asi que sal por el borde del pasillo que tengo to fregao y no quiero que me hagas pisás."
  
Estupefacta me quedé, al ver a Manolo sacar pecho por creer que había descubierto una trama de corrupción. Esto me pasa por fiarme de lo que me contó mi vecina en la peluquería, que lo había oído a su vez de su cuñá, que se lo dijo un viajante del rastro a las 7 de la mañana.



Despedida por la redacción y sin finiquito, les informó: Tomasa Bionda Creidilla.



lunes, 23 de junio de 2014

Corraleñas en la Coronación de Felipe VI.

En el interior del autobús la alegría y diversión se contagió entre todas las viudas. Bueno... todas todas no. Alguna no sabemos que planes tenía en mente.

 

 

Durante la pasada semana, la Asociación de Grandes Empresarios Beneficiados por el Mangoneo, en su desinteresado afán por mantener su envidiable situación económica y sus privilegios fiscales, se encargó de promocionar los actos de la coronación de Felipe VI, a base de imprimir posters a todo color con la imagen de los nuevos reyes y fletar autobuses gratuitos para que la gente de los pueblos, ilusionada por visitar Madrid, acompañase eufórica y sin rechistar a los nuevos monarcas.




Conocida la posibilidad de hacer un viaje totalmente “de balde”, Aguedita Cantalasranas, presidenta de la Asociación de Viudas Santa Prisca y mujer decidida donde las haya, movió todo lo que tenía que mover -para envidia de los concejales- y se puso rápidamente en contacto con los mencionados empresarios, consiguiendo que éstos le costeasen el autobús de Anastasio.


Visto y no visto. A las siete de la mañana del jueves, se juntaban “en la parada del Auto-rés que siempre será” -como dicen ellas- cincuenta viudas de avanzada edad, provistas de “chivatas” de colorines y bolsos de salir de fiesta, dispuestas a comerse el mundo o por lo menos las tortillas y los huevos rellenos que llevaba la Emiliana en el taper. “Rengás” en su gran mayoría, pero con un entusiasmo que ya quisieran para sí los concejales del ayuntamiento, fueron subiendo poco a poco en el autobús y ocupando sus respectivos asientos. Después de alguna pequeña refriega por ocupar los de delante, la feliz excursión se puso en marcha, al tiempo que todas se persignaban y se acordaban de la Virgen de la Muela.
A pesar de la ilusión por asistir al acto, pero por culpa de su avanzada edad, la mayoría se encontraba roncando antes de llegar a Villatobas y sólo la Petrita, con su habitual manía de cantar la espigadora en cuanto se juntaban cuatro, vino a romper el proverbial descanso de las ancianas. “Pero cállate muchacha…” gritó entonces la Antonia la del mercado, y todas obedecieron sin rechistar dada su corpulencia, volviendo de nuevo la paz y el silencio al entrañable autobús.



“Pero cállate muchacha…” gritó entonces la Antonia la del mercado, y todas obedecieron sin rechistar dada su corpulencia"


Una vez en la estación de Atocha, que es lo más que pudieron acercarse, y en vista de que la mayoría no estaban para recorrer grandes distancias, la Nati propuso coger un autobús que las dejase en la plaza mayor y desde allí moverse cuesta abajo hasta acercarse al Congreso. Dicho y hecho, después de meterse el dinero entre las tetas por si las moscas y abarcar todo el autobús, se lanzaron a la aventura madrileña con la alegría de unas colegialas y las voces propias de la sordera que arrastraban buena parte de ellas. 



Llegadas a Jacinto Benavente, la Hilaria propuso hacer una visita a una iglesia cercana: “chicas ya que estamos aquí vamos a hacer una visita a San Judas Tadeo que está aquí al lado y es mu milagroso”…. Ala allá que te van las cincuenta viudas del bracete a San Judas Tadeo. Después de un rato de oración en ese sitio tan fresquito, que alguna aprovechó para descansar y echar un cosquín, la presidenta dijo “ala que es tarea” y las cincuenta se pusieron de nuevo en camino. 


Transcurridos apenas cien metros, la Ignacia dijo que ella tenía que tomarse la pastilla de la tensión -que ya le tocaba por la hora- y que las demás hiciesen lo que quisiesen pero ella se iba a tomar un café con churros en cualquier bar. Propuesta aceptada por las cincuenta con gran regocijo, que inmediatamente se metieron en el bar Pepe y sacaron sus respectivas pastillas, comenzando un guirigay de cápsulas del reuma, pastillas del azúcar y sobres del colesterol, que terminaron por volver loco al camarero, ya de por si agobiado con los cafés y los vasos de agua. Después de hora y media larga en el bar, entre que les sirvieron los cafés y fueron al wáter en riguroso orden, la presidenta dijo “venga chicas que se nos echa la hora encima” y salieron a la calle con ansias renovadas.


Esta vez fue la Eusebia la que después de atravesar varias calles dijo “Qué valor, pasar por la puerta de Santa Rita y no entrar a rezar. Ala venga si no tardamos ná” Y de nuevo se metieron en otra iglesia, dispuestas a echar unos rezos a la abogada de lo imposible. Después de otra media hora larga porque a la Rosario se le antojó poner una vela y el aparato no se encendía, reanudaron la marcha. 


“Qué valor, pasar por la puerta de Santa Rita y no entrar a rezar. Ala venga si no tardamos ná” Y de nuevo se metieron en otra iglesia, dispuestas a echar unos rezos a la abogada de lo imposible"


Llegadas ya a las cercanías del congreso y entre la confusión del gentío y la mala leche de los policías, o quizás por la costumbre de tantos viernes de cuaresma a sus espaldas, el caso es que se pusieron en una cola sin preguntar y cuando se quisieron dar cuenta estaban dentro de la iglesia de Jesús de Medinaceli. “Bueno pos ya que estamos aprovechamos la ocasión, verdad chicas”… comentó la Eulalia y todas se mostraron conformes “además aquí estamos mu fresquitas…..” añadió la Pili. Total que cuando aguardaron a salir, el acto se había terminado y en la calle no quedaba ni el tato.


Amooos a cualquiera que se lo contemos…. -Se reía la Ambrosia-… ña que estamos echas unos cachos zurrones, tu te crees que venir a la coronación y volvernos sin ver ná…. Dices tu que reíte… bueno luego lo vemos en la tele que se ve mejor -comentó la Ignacia- si total a nosotras lo que nos interesaba era danos una vuelta gratis por Madrid y eso es lo que hemos hecho, no le deis mas vueltas. Ala vamos a comprar unos bocadillos de calamares y nos los comemos aquí mismo en la plaza de las Cortes.



"ña que estamos echas unos cachos zurrones, tu te crees que venir a la coronación y volvernos sin ver ná…. Dices tu que reíte… bueno luego lo vemos en la tele que se ve mejor, si total a nosotras lo que nos interesaba era danos una vuelta gratis por Madrid"


“Y yo que me había traído hasta una bandera que me había dejao mi chico”, -añadió con cierto pesar la Eduvigis, desplegándola en ese momento-. La cara de las de al lado se convirtió en un poema, con la boca abierta y los ojos fuera del casco. Pero Eduvigis hija mía, cada día estás más tonta, no ves que esa bandera tiene tres colores ¿No te das cuenta que es la bandera de la república? ¡¡Pos anda que si la sacas en el momento de pasar los reyes!!  Hija mía la que nos podías haber liao, lo mismo nos hubieran detenido a todas y hasta nos hubieran pegao con las porras. Momento en que la Damiana –que estaba sorda como una tapia- comento con cara de despiste: “Qué decis de porras” y todas comenzaron a troncharse de risa con el repentino interés de la Damiana, “Anda la que no oye” comentó entre risas la Ambrosia “en que estará pensando la hermana” añadieron varias con picardía y todas se partieron de risa, cual colegialas sin profesoras.

Total que después de visitar tres iglesias, dos bares y el parque del retiro, la excursión de las viudas se volvió tan campante para el pueblo -sin haber asistido a la coronación- pero encantadas por haber sido capaces de sacarles los dineros a aquellos que tanto se habían aprovechado de los pobres. Ya lo dijo la Aguedita: “Quien roba a un ladrón…..”




Desde el auto-res que siempre será: Pepita Poncillo.




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